Mariana Sández regresa con su novela más personal y deslumbrante. Una mujer queda atrapada en un extraño hotel en Buenos Aires. Decide no avisar a nadie y «desaparecer». Y lo que comienza como una fuga íntima se transforma en una deriva literaria y mental por los territorios de la memoria, el duelo, la maternidad y el deseo de abandonar la propia vida para observarla desde fuera.
Una tormenta en Francia obliga a cancelar un vuelo de Buenos Aires a París, dejando varada a una comitiva de pasajeros en un hotel modernista que parece pertenecer a otra época. Entre ellos va Charo Almeida, actriz y dramaturga argentina radicada en Europa. En lugar de avisar a su familia, que la cree en pleno viaje, decide quedarse de incógnito a pocos kilómetros del hogar. Lo que sigue es el diario de una desaparición voluntaria: la crónica de alguien que se ha colocado fuera de cuadro para meditar, desde el retiro lujoso y anacrónico del hotel, lo que no consigue pensar en movimiento. La maternidad. La pareja. El regreso o el no regreso. El duelo por la madre. Sin embargo, el hotel, con su pavo real de madera tallada, sus lámparas Tiffany, su botones de orejas de gnomo y la máscara de Aleister Crowley presidiendo la fachada, cobra una vida propia que escapa a cualquier lógica y distrae a Charo de su propósito. Entre la bruma onírica donde el tiempo pierde linealidad, entabla conversación con un anciano muy particular. Y no puede evitar ver literatura en todas partes.
Convocando a Erik Satie, Antonio Tabucchi, Enrique Vila-Matas y Adolfo Bioy Casares, Mariana Sández construye un libro distinto a sus novelas anteriores: más libre, más digresivo, más cercano al sueño que a la trama. El resultado es una aguda reflexión sobre la extranjería, la identidad y la nostalgia, donde se confirma que a veces perderse es la única forma de encontrarse.